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La banda de tambores y cornetas recorrió varias calles del municipio - |
El grito de
¡Viva Aldeanueva!, pronunciado por el alcalde de la localidad, Ángel
Fernández, y el consiguiente chupinazo iniciaron las fiestas de invierno
de la localidad amenizadas en todo momento por la famosa charanga
Strapalucio y una multitud de ciudadanos que no han querido perder la
oportunidad de aprovechar las vacaciones navideñas y las Fiestas de
Invierno.
Tras el primer arranque de estas fiestas, llegó el lunes, ya comenzado
el 2010 y con fuerzas renovadas, los habitantes de Aldeanueva de Ebro
volvieron a salir a la calle. Un nutrido grupo de cazadores esperaba
desde las 11 h. del lunes, día 4 de enero, a que comenzara la
Degustación de Calderillos, organizada por la Sociedad de Cazadores de
Miralbueno. A las 12 comenzó la degustación con nutritivas raciones para
todos, regadas con un buen vino y la compañía de los vecinos que
acudieron a la plaza de España y dejaron que el Calderillo 'calentara el
cuerpo', a pesar de la refrescante niebla que acompañó la jornada.
Mientras los cazadores elaboraban su guiso, la banda de tambores y
cornetas, recorrió las calles de la localidad amenizando el ambiente con
interpretaciones festeras. A las 12 horas,en el salón de plenos del
Ayuntamiento de Aldeanueva, se procedió a la entrega de los Trofeos de
la VII Feria de Novilladas sin picadores de Aldeanueva de Ebro. El joven
novillero Javier Jiménez de Espartinas, recibió el trofeo de la mano del
alcalde, Ángel Fernández; Germán Villar, que acudió en representación de
la ganadería 'Manuel Vázquez' de Córdoba, recibió el premio a la mejor
ganadería de la concejala de Festejos, Corpus Gutiérrez.
Defensa de la fiesta taurina
Tras el agradecimiento expresado por los premiados el alcalde quiso
dedicar unas palabras a defender la fiesta taurina y destacó la
tradición que existe en Aldeanueva, recordando los más de cien años que
ya ha cumplido la plaza de toros de la localidad.
Posteriormente, tuvo lugar el cuarto encierro de reses bravas y por la
tarde hubo concierto, una gran fiesta final para los niños y de
madrugada un futbolín humano en la carpa de la calle Cava.
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