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- Escolares visitando la Catedral para bendecir el rosco |

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- Cerca de 600 raciones pueden llegar a distribuirse procedentes del rosco gigante |
Una festividad para todos, para pequeños y mayores. Los más pequeños porque podrán comer rosco y gominolas en la merienda sin escuchar las riñas de sus madres y los mayores porque acudirán a la Catedral, fieles a la tradición, a bendecir los alimentos para cuidar las gargantas de sus familiares a través de la utilización en las comidas de estos alimentos benditos.
Todos los 3 de febrero, cientos de fieles y devotos se acercan hasta a la Catedral de Santa María para bendecir sus alimentos. Hay adultos que acuden con roscos, mantecosas, bizcochos, mantecados..., aunque también los hay que llevan azúcar, sal y harina para mezclarla en casa y contar con la bendición de estos condimentos durante todo el año. Los más pequeños cumplirán con la tradición llevando un rosco de picos, adornado con gominolas y chocolatinas y con el nombre de su dueño inscrito en él.
Aunque si hay un rosco que llame la atención es el que cada año prepara y entrega gratuitamente el panadero-repostero, Félix Herce, de la Tahona Mi Pan que lo dona a la Asociación Amigos de la Catedral de Calahorra. Dicho rosco cuenta con unos 100 kilos de peso, un diámetro de 2,5 m. y se divide en unas 600 raciones.
San Blas protector
Los poderes curativos que se achacan a San Blas nacen en el s. IV, cuando una mujer colocó delante de sus pies a su hijo agonizante debido a que una espina de pescado le había atravesado la garganta. San Blas puso las manos sobre su cabeza mientras oraba y el niño se incorporó completamente sano. Por ello la leyenda reza: San Blas bendito, que se ahoga este angelito.
Donativo para Haití
Debido al desolador terremoto que ha asolado y sigue atormentado a los ciudadanos de Haití, los beneficios que se recojan durante el reparto de este tradicional rosco entre los calagurritanos que asistan a la bendición de alimentos que se celebrará en la Catedral, se donarán a las hermanas de San Vicente de Paul de Calahorra, ya que los orfanatos que poseían en Haití han sido destruidos.
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