"Fui a Miami durante
dos meses para hacer un estudio de mercado y me encantó. Miami es todo lujo"
"En Tokio si no hablas japonés, estás perdido porque el inglés no es su segunda
lengua. Hay voluntarios que te guían por la zona si practicas inglés con ellos."
"Me llamó mucho
la atención que nunca debes servirte
el agua, sirves a los demás y alguien te servirá a ti"
"Lo peor es
el clima, que es muy húmedo, y el precio tan alto de la fruta y
la verdura"
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Saray
Morrondo es ingeniera industrial, ha cursado un master de Marketing
Industrial, que le permitió acudir a Miami a realizar un estudio de mercado
sobre la confección infantil y el resultado fue muy positivo. Tuvo la
oportunidad de continuar trabajando en esta empresa aragonesa, pero logró
que le concedieran una beca para trabajar durante algunos meses en la
embajada española de Tokio y no lo dudó. Decidió embarcarse en su primera
experiencia oriental.
Saray Morrondo ha trabajado en la capital japonesa durante dos meses y ha
logrado comer con palillos, pero el japonés no ha conseguido dominarlo y lo
señala como una tarea pendiente. Vuelve encantada con su experiencia, aunque
recuerda que lo peor de este país es el clima y los altos precios de
alimentos como la fruta o la verdura.
- Con 24 años ya ha trabajado en varios países, ¿Cómo surge la primera
oportunidad?
- Yo quería realizar un master y vi que la CREA (Confederación de
Empresarios de Aragón) oferta anualmente cuatro tipos de master y financiaba
el Master en Marketing Internacional, que es el que yo quería hacer, a 15
personas. Hice diferentes pruebas y me escogieron. Y después, una vez
finalizada la parte teórica, nos ofrecían cuatro meses de prácticas en una
empresa. En la que estuve yo no tenían departamento de exportación y fui yo
la que les inició. Una vez terminadas las prácticas, a través del master
también, la empresa quería exportar a Miami y me llevó allí durante dos
meses para hacer un estudio de mercado de las posibilidades que tendría su
producto (ropa de niño) allí.
- ¿Cómo fue la experiencia estadounidense?
- Era la primera vez que me encontraba sola luchando por mi producto e
intentando que funcionara. La experiencia fue muy positiva a nivel personal,
aprendí bastante.
- ¿Y Miami?
- Miami me encantó. Salí diciendo que volvería porque me encantó el clima,
la gente, la alegría... Eso sí, no tiene una historia, no tienes nada que
ver, es playa y lujo. Además, este año me tocó la Superbowl, con todo el
despliegue que eso supone. Lo peor de Miami es que no se puede vivir sin
coche.
- ¿Y cuál fue el resultado del estudio de mercado?
- Conseguí dos distribuidores, uno para la zona de Florida y el este de EE
UU y otro más para la zona suroeste. El resultado fue muy bueno, el producto
gustó. Y cuando volví me ofrecieron quedarme, pero durante la época del
master salió la beca Universtage, que es para realizar prácticas en una
institución o en una empresa y yo escogí como primer destino Tokio, era mi
sueño. Además, quería conocer cómo trabajaba una embajada. Y en diciembre me
concedieron la beca.
- ¿Y de dónde viene esta pasión por Japón?
- No sé, siempre me ha gustado. Hace un año, antes de saber que me habían
concedido la beca, ya hice un curso de iniciación al japonés durante tres
meses. La verdad es que es el japonés es muy complicado, pero yo creo que
los españoles tenemos facilidades porque las vocales son las mismas y el
sonido es muy parecido, no es como el chino, pero la construcción es
diferente: tiene dos abecedarios y todos los kanji (sinogramas utilizados en
la escritura japonesa), es un idioma muy difícil e implica muchísimo tiempo.
Yo ahora sé las cosas básicas, pero es uno de mis proyectos a futuro. Allí
si no hablas japonés estás muerto porque el inglés no es su segunda lengua,
no está tan difundido. Pero hay unos voluntarios en los lugares turísticos
que quieren practicar inglés y lo que hacen es ofrecerse a los turistas para
guiarles por la zona y explicarles la historia, así ellos practican inglés.
- ¿Cuál fue el trabajo que desempeñó allí?
- Yo estaba en el departamento de Cultura de la embajada de España en Tokio
y nos encargábamos de patrocinar y promover las actividades relacionadas con
la cultura y la tradición española en Tokio. Teníamos unas conferencias 'Los
jueves en español', en las que se invitaba a especialistas para que contaran
su experiencia. Tuvimos un pintor japonés, que hablaba muy bien español;
también otra sobre la comida japonesa en la dieta mediterránea y por último,
tuvimos al violonchelista Josetxu Obregón y a su grupo, que fue la que más
público atrajo.
- ¿Cuál es el perfil de los asistentes a estas charlas?
- Nosotros enviábamos a toda la agenda una invitación. Se enviaba a las
embajadas, a personas relacionadas con el ámbito empresarial, económico,
académico, diplomáticos... Suelen acudir unas 100 personas a cada charla
porque el aforo de la embajada es de 125 personas.
- ¿Cómo describiría Japón?
- Japón es vivir una cultura muy diferente, yo estoy muy agradecida por la
oportunidad que he tenido. He aprendido mucho a nivel personal porque ellos
son muy meticulosos, muy atentos y son perfeccionistas casi hasta el
extremo. Por ejemplo, yo perdí mi cámara de fotos en un templo y alguien la
recogió y la dejó en recepción. Ellos saben que no es suyo y no lo quieren.
Yo pensé: esa cámara se está cayendo al suelo y ya ha desaparecido.
- ¿Qué destacaría de sus costumbres?
- Todo es diferente. Hay que inclinarse para saludar y despedirse, quitarse
los zapatos al entrar a casa... Nos llamó mucho la atención la limpieza de
los baños públicos, que son en el suelo y los que tienen un estilo
occidental tienen sonidos, están calientes... Es muy diferente. Y bueno, se
me hizo muy difícil comer con palillos, pero al final he aprendido. Otra de
las cosas que más llamó mi atención fue que cuando te vas a servir agua,
sólo sirves a los demás, nunca a ti mismo, tienes que dejar la botella y
alguien te servirá.
- ¿Es fácil orientarse en Tokio?
- No, te pierdes constantemente, necesitas llevar un mapa colgado del
cuello. Y hubo una cosa que me pareció muy curiosa, hay vagones de metro
sólo para mujeres porque hay mucha gente y de esta forma pueden ir más
tranquilas; hay incluso 'empujadores' que empujan a la gente para que entre
rápido en el vagón. Japón es un país muy pequeño y son 175 millones de
habitantes.
- ¿Algo curioso que le haya ocurrido allí?
- Viví un terremoto, pero fue horizontal, que son los menos graves. Los
japoneses casi no apreciaban los movimientos porque están acostumbrados,
pero a nosotras nos asustaba. Entre los edificios hay separación de algunos
centímetros para evitar problemas con los movimientos. La verdad es que
están muy bien preparados.
- ¿Ahora, quedan ganas de volver?
- Sí, por supuesto, me encantaría volver y de hecho no descarto la
posibilidad de hacerlo.
- ¿Y cuál es el aspecto negativo?
- Lo peor ha sido el clima, que es muy húmedo y llueve mucho y también el
precio que tiene la fruta y la verdura, una manzana podía llegar a costar 4
euros. Sale mejor comer fuera de casa.
- ¿Planes de futuro?
- Buscar trabajo y también me he presentado a otras becas del ICEX
(Instituto Español de Comercio Exterior), para hacer un master y después te
vas durante un año a una Ofecom (Oficina Comercial) y yo he puesto a Sidney,
Los Ángeles y Nueva York como destino, pero quizá lo modifique a Tokio
porque quiero aprender bien japonés.
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